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Hebreos 1:3

Reflejar al Hijo

Por The 316 Quotes Team

El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas,

Hebreos 1:3 Reina-Valera 1909

¿Qué significa Hebreos 1:3?

Hebreos 1:3 nos dice quién es Jesús. Resplandece con la gloria misma de Dios, nos muestra al Padre a la perfección y sostiene el universo entero con su palabra. Y sin embargo es el mismo Hijo que nos limpió de nuestros pecados por sí mismo y luego se sentó, con su obra salvadora ya terminada.

La gente quería saber quién era Jesús de verdad, y el escritor de Hebreos responde en una sola frase que quita el aliento. “El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia.” Piensa despacio en cada parte. Él es el resplandor de la gloria de Dios, igual que la luz brota del sol y no es algo separado de él. Él es la imagen exacta de quién es Dios, de modo que cuando has mirado a Jesús has visto de verdad al Padre. Y sostiene el universo entero con su palabra, cada átomo y cada órbita, conservados por su mandato.

Es una altura tan grande que podría dejarte sintiéndote muy pequeño. Pero la frase no se queda allá arriba en los cielos. Baja hasta nosotros, y ahí está la maravilla. El mismo Hijo que sustenta todas las cosas es aquel que, “habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas”. Las manos que mantienen ardiendo las estrellas son las manos que fueron clavadas en una cruz para dejarte limpio.

Fíjate en esa pequeña expresión, “por sí mismo”. No lo delegó. No esperó a que subiéramos hasta él. Hizo la purificación en persona, en su propio cuerpo, y lo hizo por personas que jamás habrían podido lograrlo solas. Tu cuenta queda saldada, no por tu esfuerzo, sino por el suyo.

Y entonces “se sentó”. En el antiguo templo los sacerdotes nunca se sentaban, porque su trabajo nunca estaba terminado. Jesús se sienta, porque el suyo sí lo está. No queda nada que añadir a lo que él hizo por ti.

Saber todo esto cambia tu manera de vivir. Quien lleva consigo esta clase de perdón no puede evitar reflejar un poco de Aquel que se lo dio. No se te pide que generes tu propia luz. Se te pide que te vuelvas hacia él y dejes que lo que brilla sobre ti lo vean las personas que te rodean.

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Una carta escrita a personas tentadas a volver atrás

En realidad no sabemos quién escribió Hebreos. A lo largo de los siglos la iglesia primitiva propuso varios nombres (Pablo, Bernabé, Apolos, incluso Priscila), pero la carta nunca lo dice, y creo que lo honesto es dejar ese espacio en blanco en lugar de rellenarlo. Lo que la carta sí deja claro es la presión que sufrían sus primeros lectores. Eran creyentes cansados, inclinados hacia los caminos más antiguos y conocidos del templo y el sacrificio, y el escritor insiste en una sola nota tocada en muchos tonos: Cristo es mejor. Mejor que los ángeles, mejor que Moisés, mejor que los sacerdotes, mejor que la sangre de toros y machos cabríos.

Por eso el comienzo se lee como se lee. Antes de pedirle a nadie que resista, les muestra a quién estarían dejando ir. Hebreos 1:3 no es un adorno suelto al principio. Es el cimiento sobre el que se sostiene todo el argumento. Si alguna vez has sentido el tirón callado de rendirte con Cristo y conformarte con algo más fácil de cargar, esta es una carta escrita pensando en ti.

"Resplandor" e "imagen misma": luz que no puedes arrancar de su fuente

La reflexión breve ya pinta al Hijo como luz que brota del sol, así que déjame insistir en lo que es fácil pasar por alto. El escritor no está diciendo que Jesús nos recuerda a Dios, como un retrato te recuerda un rostro. Está diciendo que no puedes separar a los dos sin apagar la luz.

“La misma imagen de su sustancia” va todavía más lejos. La palabra griega que hay detrás de “imagen” aquí es la raíz de nuestra palabra “carácter”, y llevaba el sentido del sello exacto que un troquel deja en la cera o el metal. No un esbozo. No una impresión vaga. La huella precisa, fiel en cada línea. Sostén las dos imágenes juntas y tendrás lo que el escritor intenta abarcar con ambas manos: el Hijo es plenamente Dios por derecho propio, luz de luz, y la expresión exacta de quién es Dios. Juan dice casi lo mismo cuando escribe del Verbo hecho carne: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Y Pablo cuando llama a Cristo la imagen del Dios invisible: “El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten:” (Colosenses 1:15-17). Ambos rodean una misma verdad desde lados distintos.

Una frase que sostiene juntas la creación y la cruz

Lo que me detiene en este versículo es lo poca distancia que deja entre las dos mitades. En una sola frase el Hijo está “sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia”, y unas palabras después ha hecho “la purgación de nuestros pecados por sí mismo”. El cosmos y la cruz, puestos lado a lado, la misma persona.

Esto es todo el evangelio en miniatura. Aquel por quien todo fue hecho es quien se inclina para limpiarnos. Pablo busca esa misma conexión en 2 Corintios 4:6, donde el Dios de la primera creación es el Dios que enciende un corazón humano: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” Y responde en voz baja a la pregunta con la que lucha la carta: ¿por qué dejar atrás los sacrificios? Porque cada sacrificio anterior a este era una mano que señalaba hacia adelante. Aquí está aquel a quien señalaban, y él hace la purificación por sí mismo, en su propio cuerpo, por personas que jamás habrían podido hacerla por sí solas.

Se sentó, y lo que eso le hace a un creyente cansado

Vuelvo una y otra vez al pequeño detalle del final: “se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas”. La reflexión observa con razón que los sacerdotes del templo nunca se sentaban, porque el trabajo nunca estaba terminado. Déjame decir lo que eso ha significado para mí en una semana cualquiera.

Conozco lo que es quedarse despierto repasando el mismo fracaso, convencido de que necesito hacer una cosa más para arreglarlo con Dios. Muchos llevamos esa sensación de algo inconcluso respecto a nuestra propia alma, como si el perdón fuera una cuenta que sigue abierta. El Cristo sentado es la respuesta clara de Dios a esa herida. No sigue trabajando en tu caso. No espera a que tú completes lo que él empezó. Se sentó porque no queda nada que añadir. Cuando lo olvido, intento ser mi propio sacerdote, y es agotador y nunca acaba de funcionar. Lo que me ayuda es imaginarlo sentado, con la obra ya detrás de él, y dejar caer los hombros. Primero el descanso, luego la gratitud, y después un volver callado de mi rostro hacia él, para que un poco de su luz alcance a las personas de mi casa.

Preguntas para quedarte un rato
  • ¿Dónde sigo intentando ser mi propio sacerdote, añadiendo a una obra que Cristo ya terminó y de la cual se sentó?
  • Si mirar a Jesús es de verdad mirar al Padre, ¿qué he estado creyendo en silencio acerca de Dios que el rostro de Cristo corregiría?
  • Las mismas manos sostienen las estrellas y me dejaron limpio. ¿Cuál me cuesta más confiarle esta semana, las cosas grandes o las personales?
  • ¿Qué cambiaría en mi trato con las personas de mi casa si descansara de verdad en saberme perdonado en lugar de trabajar para ganarlo?

Si quieres quedarte un rato más en esta carta, puedes leer más del libro de Hebreos o seguir los hilos de la fe, la esperanza y el consuelo a través de nuestros versículos por tema.

Versículos que hablan de esto

  • Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

    Juan 1:14

  • El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten:

    Colosenses 1:15-17

  • Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

    2 Corintios 4:6

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